Consiste
en recoger con una espátula de madera algunas células
semidesprendidas de la vagina, el cuello del útero y el
canal que comunica la vagina con el interior del útero.
Estas células se depositan en un cristal, se tiñen
y se miran al microscopio. La información obtenida es muy
valiosa para todas nosotras y se puede agrupar en tres apartados:
Información
hormonal:
La vagina responde a los cambios hormonales del ovario. Según
el tipo de células recogidas en cada momento, podemos tener
una idea aproximada de cómo funcionan nuestros ovarios.
Información
infecciosa:
La citología puede diagnosticar determinadas infecciones,
bien porque se vea el germen que la ha producido (hongos o tricomonas)
o porque en las células haya signos que sugieren que la
infección producida por diversos virus o bacterias (herpes,
condelomas, haemophilus).
Información
morfológica
Es la más importante. Las células del cuello del
útero pueden alterarse (generalmente por determinadas infecciones,
sobre todo, condelomas y herpes) y terminar produciendo una serie
de lesiones precancerosas (DISPLASIAS). Estas lesiones no producen
molestias o problemas hasta después de muchos años
(entre 2 y 10); pero si las dejamos a su libre evolución,
pueden acabar en cáncer de cuello de útero.
La citología vaginal cumple todos los requisitos exigibles
a una prueba diagnóstica en las campañas de prevención
del cáncer: es barata, es fácil de realizar, es
inocua y tiene pocos fallos diagnósticos. Por todo esto,
las mujeres debemos ser conscientes y periódicamente: de
dos a cinco años, si tenemos pareja estable y fiable, y
cada año, si no es así, ya que el cáncer
de cuello tiene mucho que ver con las infecciones de transmisión
sexual.
Si
conocemos el valor de la citología, es muy difícil
que tengamos un cáncer de cuello de útero, porque
las lesiones (displasias) son muy fáciles de curar.